Vencedores Vencidos

Otra condena más para la dictadura militar que, en  Argentina, todavía causa tanto  dolor.

¿Da igual? Lo que hayan dicho en sus alegatos finales. ¿Da igual? Aunque nos hace hervir la sangre y quisiéramos “juzgarlos” con nuestras propias manos. ¿Da igual? que no se arrepientan y pidan perdón por la cantidad de atrocidades cometidas y,  en cambio, nos suelten discursos justificando lo que hicieron.

¿Nos da realmente igual? Aunque por fin muchas de esas familias que lo vivieron en carne propia sientan que sus hijos, hermanos, mujeres, hombres, bebes, muertos, desaparecidos, tengan algo de justicia.

Ladren lo que ladren, ya no nos pueden lastimar mas de lo que lo hicieron.

¡Pero no, no nos da igual!

Por eso, otra condena mas “a prisión perpetua en una cárcel común e inhabilitación absoluta para ejercer cargos públicos” nos sirve, pero no nos llena. Es justa, pero no lo suficiente para quienes perdieron a alguien.

Todavía, seguiremos esperando por ese ARREPENTIMIENTO y PERDÓN que nos merecemos.

Mariano Re

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Y volver, volver, volver…

Esta vez de vuelta a Tenerife ¿mi segunda casa? ¿Cuántas son ya?

Bologna, Londres, Roma, Barcelona, Tenerife…

Todas son en parte segundas casas. Ciudades en las que me toco vivir el los últimos años al menos una temporada.

Mi primera casa, siempre, mi Buenos Aires querido (así dice el tango). Inevitable,  no me la puedo sacar de encima, ni quiero. Mi acento porteño me delata.

Es peculiar este sentimiento de volver. No tiene nada que ver con el de visitar un lugar por primera vez.

Cuando visitamos un lugar por primera vez nos interesa perdernos por ahí para descubrir recovecos interesantes, o simplemente seguir el itinerario que nos dan las guías y los mapas para ir al encuentro de sitios de un interés determinado.

En cambio, cuando regresamos a algún lugar que nos es familiar, lo primero que queremos hacer es ir a esos lugares que tanto nos gustaban cuando vivíamos allí.

Ir al mismo bar donde tomábamos el cortado o la birrita, pasar por la calle donde estaba nuestro departamento, y por supuesto, visitar a los amigos que ahí dejamos.

Este, es otro momento particular. Visitar amigos que hace tiempo no vemos. Acá es cuando uno, por primera vez desde retorno, se siente profundamente de vuelta. Un gran suspiro y… “ya estoy en casa”.

¿Por qué? Supongo que se debe al hecho de que con los viejos amigos de siempre los primeros diez minutos son para intercambiar preguntas básicas ¿Cómo te fue en tal o cual lugar? ¿Qué tal es? ¿Cuánto tiempo estuviste? Y ya está. Sin más, después de este intercambio todo vuelve a su curso natural y ¡nos sentimos como si nunca nos hubiésemos ido! Ya no somos los recién llegados (o recién retornados) sino que pasamos a ocupar un lugar mas en esa cotidianeidad. Volvemos al fantástico escenario donde se retoman charlas que habían quedado inconclusas o eternas discusiones sobre política o fútbol. En el mejor de los casos nos encontramos delante de las brasas donde se cocina un asado que hace rato no veíamos y, solamente, nos reímos sin decir nada.

Así es volver. Me gusta, lo disfruto.

Creo que el motivo del nomadismo que habita en mis entrañas es conocer nuevos lugares para tener segundas casas adonde volver. Esas casas a las que siempre pertenecemos. Ciudades de las que, de alguna manera, formamos parte.

Esa probablemente sea la razón por la cual no me tomo vacaciones. No digo me voy 15 días a quien-sabe-que-lugar para descansar. Prefiero buscar lugares en donde pueda hacer algo y quedarme tiempo, vivir. A lo mejor hacer amigos, como siempre, pocos pero buenos.

¿Y cuando no quiero buscar lugares nuevos? Vuelvo. Elijo (o el lugar me elije a mi) alguno de esos sitios están ahí. Inamovibles. Cambian, pero solo lo justo como para que podamos sentir algo de frescura o melancolía.

Esos lugares elijo, y elijo esa gente, mi gente, que siempre me espera y me ven…volver.

Mariano Re

Una obra “cruda”


Pago la entrada, 5 euros. Atravieso un túnel de piedra que recuerda una cueva natural y desemboco en un galpón. Una nave con forma de cilindro y con columnas de hierro que se alzan unos 20 metros. Todo está oscuro, solo en el centro una tenue luz azul ilumina a las personas que empiezan a llegar al lugar.

En el suelo, unos bidones de gasolina de 10 litros sirven como asientos para unos pocos. La decoración, unos barriles de petróleo.

Todo está listo. En unos instantes se apagarán las luces y comenzará una función innovadora. REFINADO, la cruda historia.

“Una de las virtudes que le encuentro al Espacio Cultural el Tanque es que, además de su evidente modernidad, está íntimamente ligado a nuestro pasado más reciente”, escribe en el programa de la obra Carlos Belda, director de este espectáculo sobre la historia de Santa Cruz y su refinería.

La puesta en escena de esta magnífica obra  -que se verá en el Espacio Cultural el Tanque de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife todos los fines de semana de Diciembre y Enero- combina baile, danza aérea, interpretación, videoproyecciones y música en vivo. Cuatro pantallas gigantes dispuestas alrededor de este cilíndrico espacio obligan al espectador –desconcertado al principio- a seguir, a través de la iluminación y las videoproyecciones, los sucesivos actos de esta obra que no tiene escenario fijo, ni lo necesita.

Una excelente musicalización en vivo –piano, percusión, voces y otros artilugios- lleva el hilo conductor y mantiene la energía en su máximo nivel.

No hay diálogos, salvo algunas palabras sueltas, pero los actores y bailarines, magníficamente expresivos, hacen que esta historia “cruda” se nos meta dentro.

Esta propuesta, que me pareció, como dije anteriormente,  innovadora, vale cada céntimo de su precio, y si me presionan –viendo lo que hay por ahí suelto- bastante más. Aunque creo que es un precio excelente para que todo el mundo pueda disfrutar de buen arte, refinado.

Lo malo es que en la isla no haya suficientes espacios alternativos tan interesantes como el Tanque y donde podamos ver obras de este calibre. Los pocos, no ofrecen gran variedad, y además imponen precios inaccesibles. Por eso es importante seguir apoyando iniciativas como estas.

Mariano Re

Manu Chao. Un concierto con pocos pero buenos

Buen ambiente, buena música y un precio excelente para disfrutar por una noche de Manu Chao en concierto.

El cartel decía aquí se venden entradas para “La Gorda Eleonor”. Había tres funciones. Las entradas para el sábado, “agotadas”. La gente formaba fila detrás de mi para comprar sus tickets.”Decide rápido porque hay gente esperando” dijo la chica que estaba del otro lado de la barra. “Dame 4 para el jueves”- respondí poco convencido-.

En realidad nadie de los que estaban ahí conocían a “La Gorda Eleonor”, pero todos sabían que compraban sus entradas para poder ver a Manu Chao en vivo.

“Le gusta hacer todo así Clandestino” me dijo a modo de broma una chica que esperaba para hacer su compra. El precio 10 euros. Como debe ser, ¡Accesible a todo el mundo!

Sobre las 21 horas la gente ya se amontonaba por fuera de la Sala Salamandra en L`Hospitalet, Barcelona. En la puerta mucho control con las entradas. No se permitía salir a nadie que hubiese ya entrado, al menos hasta después de haber empezado el concierto. Dentro, el ambiente agradable, mucha gente, un calor que se agradecía. Las copas ¡Carísimas!

Todo empezó sin mucho retraso sobre las diez y media de la noche. Cientos de personas inundaban la sala. En el escenario, solo tres. Pocos pero buenos. Manu con su guitarra, acompañado de una batería sin respiro y un guitarrista que cargo con la responsabilidad sobre los hombros. Mis respetos.

Después de algunos temas poco conocidos llegaron los más esperados. Clandestino, Welcome to Tijuana, Desaparecido y Caí en la trampa fueron los mas coreados. Mala Vida y Princesa, quizás las dos grandes ausentes.

El concierto duro aproximadamente dos horas sin interrupción. Hubo, por momentos algunos altibajos. La formula de empezar las canciones a ritmo y acabarlas en un poderoso ska, se fue repitiendo un tema tras otro. Se noto mucho la falta de los vientos, sobre todo a la hora de variar en el repertorio. Más allá de todo, el grupo se lució. Los cortes en los temas, perfectamente sincronizados. El sonido, impecable. La iluminación, buena.

Hubo 4 vueltas antes de una retirada definitiva. Todo llega a su fin.

Después, muchos se fueron retirando a sus casas. Otros siguieron la fiesta hasta que el lugar cerró. La banda compartió tragos con algunos amigos que estuvieron entre el publico y disfrutaron de la buena música de la Sala Salamandra.

Así fue cómo, por algunas horas, y gracias a una banda que se me antojo casi un power trio , pude olvidar que a la salida me esperaría la inclemencia del invierno.

Mariano Re

Visita del Papa a Barcelona

Lo que el Papa se dejó

El papamovil, Barcelona 2010
El Papamovil

Son las 14 horas y se levanta el cerco que rodea la Sagrada Familia. Puedo entrar y ver lo que ha quedado. Conmigo entran también muchos otros. Quienes han intentado ver algo desde afuera. Los sin papeles de ésta visita del Papa a la ciudad de Barcelona.

La multitud comienza a dispersarse lentamente. Quienes antes no pudieron ver el templo, aprovechan ahora para hacer fotografías. Unas monjas reparten estampitas y medallitas. Una de ellas expresa su desilusión por no haber podido ver a su Santo Padre más que unos segundos mientras pasaba como un rayo en el Papamóvil. “Estuvimos como dos horas en el mismo lugar y pasó muy rápido”. Ella, aunque forma parte de las legiones católicas, tampoco ha podido estar dentro del bloqueo sagrado. Igual muestra una sonrisa.

Dani de Ecuador, vende postales con la foto del Papa frente a la Sagrada Familia. Es religioso pero no ha visto al Sumo Pontífice de cerca como le hubiese gustado, “no dan entradas para los trabajadores” bromea.

Muchos otros tienen algo que ofrecer. Se regalan flores, medallitas de vírgenes varias y algunos se sirven de la situación para repartir folletos de asociaciones religiosas y sus actividades para los próximos meses.

De a poco comienzan a llegar las cuadrillas de limpieza. Camiones precedidos de dos barrenderos. Dan vueltas aunque no pueden hacer mucho. Todavía queda demasiada gente. Las sillas y el vallado siguen ahí. “Tenemos que esperar a que desmonten todo” dice una joven trabajadora que da vueltas con su escoba en la mano. No da su nombre. Los demás tampoco. “Si los jefes nos ven podemos tener problemas”, asegura otra de las chicas mientras mira nerviosa sobre su hombro. Algunos afirman que tampoco pueden ser fotografiados porque pueden tener problemas.

Se ven solo unos pocos ocupados en quitar el cerco y las sillas. El operativo discurre lentamente. “Primero empezaremos a levantar el vallado del itinerario” dice Asunción del Valle. Ella y su compañero (son solo dos) mueven unas vallas y las amontonan en una de las esquinas.

En los alrededores los comercios se ven ahora vacíos. Parece que todo empieza a volver a la normalidad. Me atrevo a preguntar a algunos sobre como les ha ido. Pocos responden, se muestran desinteresados. En un bar con más de 30 años de historia, recibo una respuesta. “Mal” dice el señor Collado dueño de La Bodega del Poblet, “ha sido un fiasco total” agrega. El cerco impuesto por el ayuntamiento ha impedido que sus clientes asiduos, la mayoría de ellos residentes fuera del perímetro, puedan ir al bar desde temprano por la mañana. “El ayuntamiento ha prohibido la entrada de mis clientes” asegura.

El señor Collado insiste en que no es el único comerciante descontento con la situación, “reflejo también lo que me dijeron los 8 o 10 comercios de esta misma calle” afirma indignado. Muchos de los bares y restaurantes de la zona han contratado personal extra al que deberán pagar aunque no haya sido una buena jornada.

Atribuye este “fracaso comercial” al hecho de que “quien ha venido a ver al Papa no ha gastado ni un duro”. Critica al ayuntamiento por no haber puesto suficientes baños públicos en los alrededores “he gastado mas en agua, por la gente que he dejado pasar al baño, que lo que he vendido” analiza.

Las familias que han venido ha ver al Papa se retiran ahora a sus casas, los espera el almuerzo y seguir disfrutando de la tranquilidad del Domingo. Otros se quedan, trabajadores, vendedores ambulantes. Algunos otros regresan al lugar al que van cada día, aquel que por unas horas les fue prohibido. Todo intenta retomar la calma y la cotidianeidad.

Detrás del Papamóvil ha quedando desilusión, descontento, indiferencia e indignación. También quedan folletos tirados en el piso, banderas y banderines que el viento amontona bajo algún árbol. Sillas de madera y vallas de hierro con la marca del Ajuntament de Barcelona. Mucho trabajo por hacer y muchas cuestiones que resolver.

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Mariano Re