8 horas de vuelo, una escala en Casablanca y … ¡Camerún!

Exactamente eso -8 horas y algo de vuelo con una corta escala en Casablanca- es lo que me separa en este momento de África. Después todo es incertidumbre.

En los últimos meses he estado leyendo, investigando, informándome sobre lo que ahí me espera.

Grandes obras como “El antropólogo inocente” de Nigel Barley o “Ébano” de Kapuscinski me han ayudado mucho en la tarea de acercarme a una cultura que poco conozco. Pero la investigación también aumenta la curiosidad.

Aunque la mayoría de las veces hecha luz sobre cosas que antes se encontraban sumidas en una profunda oscuridad, otras hace que aparezcan nuevas preguntas que necesiten nuevas respuestas y uno acaba un poco saturado y desconcertado.

Muchos autores que han escrito sobre África hablan de cómo desde que eran chicos soñaban con explorar -como Livisngston o Stanley- este misterioso continente aquellos sitios que en los mapas antiguos aparecían como grandes manchas en blanco. Esos remotos lugares inexplorados.

Para mi, en cambio, explorar significaba cambiar de barrio o viajar a algún pueblo del campo fuera de la inmensidad monstruosa de mi natal Ciudad de Buenos Aires.

Con solo 10 o 12 años, subir a un colectivo para ir a dar un paseo por San Telmo representaba una autentica aventura. Esas eran mis humildes ambiciones.

Ya de grande, después de mis primeros viajes a Estados Unidos y luego de haberme mudado a Europa empece a sentir cierta inquietud por visitar lugares mas recónditos. Pero reconozco que siempre me decante por Asia. India, Vietnam o Birmania atraían mucho más mi atención.

Creo que simplemente no me sentía preparado para África.

Todo llega. Es como cuando uno va en coche y se enciende esa luz roja que nos indica que nos estamos quedando sin gasolina o que falta aceite ¡Algo hay que hacer!

A mi carcasa le sucede lo mismo. Si la luz se enciende tengo que darle lo que me pide.

Así es como llegue hasta este punto. Las puertas del Edén. Un pie en el tren y otro en el andén, o en este caso uno el aeropuerto y otro en el avión.

Por mucho que investigue o lea no se con que me voy a encontrar -aunque es verdad que voy mas preparado-. No solo me interesa lo que voy a ver o lo que pueda vivir. Me interesa como voy a reaccionar. Ese es mi mayor desasosiego cuando viajo. Saber como me voy a sentir al ser el otro. Al ser distinto, extraño, en este caso ¡El Blanco!

Como de costumbre me aferrare al viejo método de observar y preguntar antes de meter la pata. Por el momento me quedo con lo mucho que he aprendido leyendo sobre Camerún y África en general.

Ahora solo falta lo mejor, comprobar y contrastar la información.

La experiencia me dice que donde uno aprende mas es allá afuera, en la vida, con la gente.

Siempre esperando que sea el comienzo de otro capitulo de esta vida.

Me auto deseo un ¡Bon Voyage! La próxima será desde Camerún.