Cumulus Nimbus

“Es un tipo de nube de desarrollo alto, denso, con tormenta y mal tiempo. Se pueden formar aisladamente, en grupos, o a lo largo de un frente frío en una línea de inestabilidad.”

Difícil bajar de una nube así.

Hace rato que no escribo, es verdad. Debido a algo que yo llamaría “paro psicológico”, para estar un poco a la moda. Ahora, estar en el paro es algo así como la nueva movida. Obligada.

Este parate no es algo sin justificación alguna. Por el contrario, para mi – y probablemente nadie más lo vea así- , es algo totalmente justificado.

Todo se debe al cambio y su consecuente y, porque no, forzosa adaptación a este entorno, que aunque ya conozco no deja de parecerme hostil aunque maliciosamente necesario.

Puede que suene contradictorio. Intentaré explicarme.

No puedo negar que el medio me es conocido y familiar. Nací y viví en Buenos Aires, ciudad que es probablemente 3 o 4 veces el tamaño de Barcelona, así que aquí me muevo mejor que un perro callejero. Como en casa.

Pero también es verdad que, a medida que pasa el tiempo (no quiero decir que este creciendo, eso no pasará) me doy cuenta que este tipo de vida – es decir en este “hábitat” – me da tanto como me quita. Me ofrece muchas cosas (los estímulos externos sobran, en eso estaremos de acuerdo) pero a la vez nunca encuentro el tiempo para disfrutar de nada. No hablemos de dinero.

Podría escribir sobre muchas de las cosas que vivo o experimento día a día, pero tengo que trabajar sendas horas para pagar el alquiler de una habitación en una casa compartida en la que ni siquiera puedo pasearme en pelotas (por suerte para mis queridos compañeros).

Hay quienes dirán que si esto no me gusta siempre puedo elegir otra cosa. ¡Cuanta razón tienen!

Pero en mi caso tengo algunos objetivos que me gustaría cumplir y estos me “obligan” a ponerme el chaleco salvavidas y atenerme a las consecuencias del naufragio.

Suena drástico y además me fui un poco del hilo de porqué no escribía. Puras excusas. Pero sí es un poco de eso.

No encontrar el tiempo. O encontrarlo y no tener ganas de usarlo para eso. O encontrar el tiempo, tener ganas de escribir, pero no saber que escribir. A veces uno no tiene nada que decir.

Desde que llegue de mi último viaje (en el cual escribí bastante) logré escribir solo un piccolo texto sobre una muestra fotográfica que vi y que realmente me inspiró para decir algo. ¿Fue lo único que vi y me interesó? No, claro que no. Pero fui perdiendo el tiempo ¿por qué no? Cuando uno trabaja muchas horas de cualquier cosa, las otras, las libres quiere pasarlas creyendo que descansa cuerpo y mente y para hacer eso creemos que haciendo nada es la solución.

No quiero generalizar. Yo soy de los que pierden el tiempo (aunque no estoy seguro de haberlo visto nunca por ningún lado, cómo podría perderse).

Así fue que después de casi un mes de buscar cosas perdidas, me sentí con ganas de volver a una actividad que realmente me relaja (además de alejarme de mi neurosis hacia afuera) y finalmente suelto algunas de las cosas que me pasan todos los días. De eso se trata escribir para mí. Aunque siempre disfruto de un poco de ficción. Pero para eso ya tengo los libros y la Internet.

Hoy digo algo. Digo que lo intento, me esfuerzo por nadar a contracorriente de mi cabeza, ese pequeño ordenador que se quiere acomodar a este eco-sistema. Está deseando acatar las ordenes de esta ciudad con su ritmo frenético. Con oleadas de gente que buscan más gente. Que los domingos se agolpan en la Barceloneta y luchan salvajemente por un metro cuadrado de sol. Hacen colas eternas por un helado y vuelven a casa sin ningún nuevo amigo. Ni siquiera una buena noticia.

A mi me agobia un poco. De ahí mi terrible deseo de alejarme. Pero mientras me tenga que quedar intentaré sacar partido de esto y seguir protestando.

Por eso hoy escribo. Que bueno que es estar de vuelta.

Mariano Re