Poética de una Luz que entra por la ventana.

Viva, creadora, extraterrestre. Por las mañanas se cuela a través de una persiana entreabierta. Intrusa, acaricia suavemente los cuerpos desnudos de los amantes enredados en las sábanas. Los desvela y los guía hacia el olor del café.

En el pequeño bar de la esquina atraviesa el cristal. Algo difusa llega hasta la mesa que está junto a la ventana de marcos de madera pintados de azul. Un halo ilumina las manos que, impacientes, escriben sobre un cuaderno de hojas lisas. Se alarga frase tras frase y se extiende hasta caer al suelo, como si quisiera ella también acercarse a la barra y pedir otra copa.

En las calles que recorro, los balcones abiertos de par en par la invitan a inundar cada habitación llegando a todos los rincones. En sus brazos extendidos, las partículas de polvo bailan, festejando la invitación.

Al atardecer, oblicua y cálida, estalla contra el parabrisas del coche. Encandila. Afuera, reverbera en el asfalto y brinda la breve ilusión del agua.

Sin prisas, se esconde detrás del horizonte, pícara. Se oculta con la seguridad que solo ella tiene de que mañana volverá nuevamente a su juego.

En la oscuridad de la noche otra luz, artificial y entrometida. Invade las casas esta vez sin permiso, sin ser bienvenida. Cansa la vista y nos va empujando de a poco al abismo de los sueños. Cedemos con la esperanza de que aquella otra, con su inocencia, descubra por la mañana nuestros cuerpos. Suavemente nos desvele y nos acompañe de la mano hasta el mágico momento del café.

Buenos días.

Mariano Re

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