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Visita del Papa a Barcelona

Lo que el Papa se dejó

El papamovil, Barcelona 2010
El Papamovil

Son las 14 horas y se levanta el cerco que rodea la Sagrada Familia. Puedo entrar y ver lo que ha quedado. Conmigo entran también muchos otros. Quienes han intentado ver algo desde afuera. Los sin papeles de ésta visita del Papa a la ciudad de Barcelona.

La multitud comienza a dispersarse lentamente. Quienes antes no pudieron ver el templo, aprovechan ahora para hacer fotografías. Unas monjas reparten estampitas y medallitas. Una de ellas expresa su desilusión por no haber podido ver a su Santo Padre más que unos segundos mientras pasaba como un rayo en el Papamóvil. “Estuvimos como dos horas en el mismo lugar y pasó muy rápido”. Ella, aunque forma parte de las legiones católicas, tampoco ha podido estar dentro del bloqueo sagrado. Igual muestra una sonrisa.

Dani de Ecuador, vende postales con la foto del Papa frente a la Sagrada Familia. Es religioso pero no ha visto al Sumo Pontífice de cerca como le hubiese gustado, “no dan entradas para los trabajadores” bromea.

Muchos otros tienen algo que ofrecer. Se regalan flores, medallitas de vírgenes varias y algunos se sirven de la situación para repartir folletos de asociaciones religiosas y sus actividades para los próximos meses.

De a poco comienzan a llegar las cuadrillas de limpieza. Camiones precedidos de dos barrenderos. Dan vueltas aunque no pueden hacer mucho. Todavía queda demasiada gente. Las sillas y el vallado siguen ahí. “Tenemos que esperar a que desmonten todo” dice una joven trabajadora que da vueltas con su escoba en la mano. No da su nombre. Los demás tampoco. “Si los jefes nos ven podemos tener problemas”, asegura otra de las chicas mientras mira nerviosa sobre su hombro. Algunos afirman que tampoco pueden ser fotografiados porque pueden tener problemas.

Se ven solo unos pocos ocupados en quitar el cerco y las sillas. El operativo discurre lentamente. “Primero empezaremos a levantar el vallado del itinerario” dice Asunción del Valle. Ella y su compañero (son solo dos) mueven unas vallas y las amontonan en una de las esquinas.

En los alrededores los comercios se ven ahora vacíos. Parece que todo empieza a volver a la normalidad. Me atrevo a preguntar a algunos sobre como les ha ido. Pocos responden, se muestran desinteresados. En un bar con más de 30 años de historia, recibo una respuesta. “Mal” dice el señor Collado dueño de La Bodega del Poblet, “ha sido un fiasco total” agrega. El cerco impuesto por el ayuntamiento ha impedido que sus clientes asiduos, la mayoría de ellos residentes fuera del perímetro, puedan ir al bar desde temprano por la mañana. “El ayuntamiento ha prohibido la entrada de mis clientes” asegura.

El señor Collado insiste en que no es el único comerciante descontento con la situación, “reflejo también lo que me dijeron los 8 o 10 comercios de esta misma calle” afirma indignado. Muchos de los bares y restaurantes de la zona han contratado personal extra al que deberán pagar aunque no haya sido una buena jornada.

Atribuye este “fracaso comercial” al hecho de que “quien ha venido a ver al Papa no ha gastado ni un duro”. Critica al ayuntamiento por no haber puesto suficientes baños públicos en los alrededores “he gastado mas en agua, por la gente que he dejado pasar al baño, que lo que he vendido” analiza.

Las familias que han venido ha ver al Papa se retiran ahora a sus casas, los espera el almuerzo y seguir disfrutando de la tranquilidad del Domingo. Otros se quedan, trabajadores, vendedores ambulantes. Algunos otros regresan al lugar al que van cada día, aquel que por unas horas les fue prohibido. Todo intenta retomar la calma y la cotidianeidad.

Detrás del Papamóvil ha quedando desilusión, descontento, indiferencia e indignación. También quedan folletos tirados en el piso, banderas y banderines que el viento amontona bajo algún árbol. Sillas de madera y vallas de hierro con la marca del Ajuntament de Barcelona. Mucho trabajo por hacer y muchas cuestiones que resolver.

http://www.flickr.com/photos/34393840@N06/sets/72157625230382341/show/

Mariano Re

Manu Chao. Un concierto con pocos pero buenos

Buen ambiente, buena música y un precio excelente para disfrutar por una noche de Manu Chao en concierto.

El cartel decía aquí se venden entradas para “La Gorda Eleonor”. Había tres funciones. Las entradas para el sábado, “agotadas”. La gente formaba fila detrás de mi para comprar sus tickets.”Decide rápido porque hay gente esperando” dijo la chica que estaba del otro lado de la barra. “Dame 4 para el jueves”- respondí poco convencido-.

En realidad nadie de los que estaban ahí conocían a “La Gorda Eleonor”, pero todos sabían que compraban sus entradas para poder ver a Manu Chao en vivo.

“Le gusta hacer todo así Clandestino” me dijo a modo de broma una chica que esperaba para hacer su compra. El precio 10 euros. Como debe ser, ¡Accesible a todo el mundo!

Sobre las 21 horas la gente ya se amontonaba por fuera de la Sala Salamandra en L`Hospitalet, Barcelona. En la puerta mucho control con las entradas. No se permitía salir a nadie que hubiese ya entrado, al menos hasta después de haber empezado el concierto. Dentro, el ambiente agradable, mucha gente, un calor que se agradecía. Las copas ¡Carísimas!

Todo empezó sin mucho retraso sobre las diez y media de la noche. Cientos de personas inundaban la sala. En el escenario, solo tres. Pocos pero buenos. Manu con su guitarra, acompañado de una batería sin respiro y un guitarrista que cargo con la responsabilidad sobre los hombros. Mis respetos.

Después de algunos temas poco conocidos llegaron los más esperados. Clandestino, Welcome to Tijuana, Desaparecido y Caí en la trampa fueron los mas coreados. Mala Vida y Princesa, quizás las dos grandes ausentes.

El concierto duro aproximadamente dos horas sin interrupción. Hubo, por momentos algunos altibajos. La formula de empezar las canciones a ritmo y acabarlas en un poderoso ska, se fue repitiendo un tema tras otro. Se noto mucho la falta de los vientos, sobre todo a la hora de variar en el repertorio. Más allá de todo, el grupo se lució. Los cortes en los temas, perfectamente sincronizados. El sonido, impecable. La iluminación, buena.

Hubo 4 vueltas antes de una retirada definitiva. Todo llega a su fin.

Después, muchos se fueron retirando a sus casas. Otros siguieron la fiesta hasta que el lugar cerró. La banda compartió tragos con algunos amigos que estuvieron entre el publico y disfrutaron de la buena música de la Sala Salamandra.

Así fue cómo, por algunas horas, y gracias a una banda que se me antojo casi un power trio , pude olvidar que a la salida me esperaría la inclemencia del invierno.

Mariano Re

Visita del Papa a Barcelona

Lo que el Papa se dejó

El papamovil, Barcelona 2010
El Papamovil

Son las 14 horas y se levanta el cerco que rodea la Sagrada Familia. Puedo entrar y ver lo que ha quedado. Conmigo entran también muchos otros. Quienes han intentado ver algo desde afuera. Los sin papeles de ésta visita del Papa a la ciudad de Barcelona.

La multitud comienza a dispersarse lentamente. Quienes antes no pudieron ver el templo, aprovechan ahora para hacer fotografías. Unas monjas reparten estampitas y medallitas. Una de ellas expresa su desilusión por no haber podido ver a su Santo Padre más que unos segundos mientras pasaba como un rayo en el Papamóvil. “Estuvimos como dos horas en el mismo lugar y pasó muy rápido”. Ella, aunque forma parte de las legiones católicas, tampoco ha podido estar dentro del bloqueo sagrado. Igual muestra una sonrisa.

Dani de Ecuador, vende postales con la foto del Papa frente a la Sagrada Familia. Es religioso pero no ha visto al Sumo Pontífice de cerca como le hubiese gustado, “no dan entradas para los trabajadores” bromea.

Muchos otros tienen algo que ofrecer. Se regalan flores, medallitas de vírgenes varias y algunos se sirven de la situación para repartir folletos de asociaciones religiosas y sus actividades para los próximos meses.

De a poco comienzan a llegar las cuadrillas de limpieza. Camiones precedidos de dos barrenderos. Dan vueltas aunque no pueden hacer mucho. Todavía queda demasiada gente. Las sillas y el vallado siguen ahí. “Tenemos que esperar a que desmonten todo” dice una joven trabajadora que da vueltas con su escoba en la mano. No da su nombre. Los demás tampoco. “Si los jefes nos ven podemos tener problemas”, asegura otra de las chicas mientras mira nerviosa sobre su hombro. Algunos afirman que tampoco pueden ser fotografiados porque pueden tener problemas.

Se ven solo unos pocos ocupados en quitar el cerco y las sillas. El operativo discurre lentamente. “Primero empezaremos a levantar el vallado del itinerario” dice Asunción del Valle. Ella y su compañero (son solo dos) mueven unas vallas y las amontonan en una de las esquinas.

En los alrededores los comercios se ven ahora vacíos. Parece que todo empieza a volver a la normalidad. Me atrevo a preguntar a algunos sobre como les ha ido. Pocos responden, se muestran desinteresados. En un bar con más de 30 años de historia, recibo una respuesta. “Mal” dice el señor Collado dueño de La Bodega del Poblet, “ha sido un fiasco total” agrega. El cerco impuesto por el ayuntamiento ha impedido que sus clientes asiduos, la mayoría de ellos residentes fuera del perímetro, puedan ir al bar desde temprano por la mañana. “El ayuntamiento ha prohibido la entrada de mis clientes” asegura.

El señor Collado insiste en que no es el único comerciante descontento con la situación, “reflejo también lo que me dijeron los 8 o 10 comercios de esta misma calle” afirma indignado. Muchos de los bares y restaurantes de la zona han contratado personal extra al que deberán pagar aunque no haya sido una buena jornada.

Atribuye este “fracaso comercial” al hecho de que “quien ha venido a ver al Papa no ha gastado ni un duro”. Critica al ayuntamiento por no haber puesto suficientes baños públicos en los alrededores “he gastado mas en agua, por la gente que he dejado pasar al baño, que lo que he vendido” analiza.

Las familias que han venido ha ver al Papa se retiran ahora a sus casas, los espera el almuerzo y seguir disfrutando de la tranquilidad del Domingo. Otros se quedan, trabajadores, vendedores ambulantes. Algunos otros regresan al lugar al que van cada día, aquel que por unas horas les fue prohibido. Todo intenta retomar la calma y la cotidianeidad.

Detrás del Papamóvil ha quedando desilusión, descontento, indiferencia e indignación. También quedan folletos tirados en el piso, banderas y banderines que el viento amontona bajo algún árbol. Sillas de madera y vallas de hierro con la marca del Ajuntament de Barcelona. Mucho trabajo por hacer y muchas cuestiones que resolver.

http://www.flickr.com/photos/34393840@N06/sets/72157625230382341/show/

 

Mariano Re