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Y volver, volver, volver…

Esta vez de vuelta a Tenerife ¿mi segunda casa? ¿Cuántas son ya?

Bologna, Londres, Roma, Barcelona, Tenerife…

Todas son en parte segundas casas. Ciudades en las que me toco vivir el los últimos años al menos una temporada.

Mi primera casa, siempre, mi Buenos Aires querido (así dice el tango). Inevitable,  no me la puedo sacar de encima, ni quiero. Mi acento porteño me delata.

Es peculiar este sentimiento de volver. No tiene nada que ver con el de visitar un lugar por primera vez.

Cuando visitamos un lugar por primera vez nos interesa perdernos por ahí para descubrir recovecos interesantes, o simplemente seguir el itinerario que nos dan las guías y los mapas para ir al encuentro de sitios de un interés determinado.

En cambio, cuando regresamos a algún lugar que nos es familiar, lo primero que queremos hacer es ir a esos lugares que tanto nos gustaban cuando vivíamos allí.

Ir al mismo bar donde tomábamos el cortado o la birrita, pasar por la calle donde estaba nuestro departamento, y por supuesto, visitar a los amigos que ahí dejamos.

Este, es otro momento particular. Visitar amigos que hace tiempo no vemos. Acá es cuando uno, por primera vez desde retorno, se siente profundamente de vuelta. Un gran suspiro y… “ya estoy en casa”.

¿Por qué? Supongo que se debe al hecho de que con los viejos amigos de siempre los primeros diez minutos son para intercambiar preguntas básicas ¿Cómo te fue en tal o cual lugar? ¿Qué tal es? ¿Cuánto tiempo estuviste? Y ya está. Sin más, después de este intercambio todo vuelve a su curso natural y ¡nos sentimos como si nunca nos hubiésemos ido! Ya no somos los recién llegados (o recién retornados) sino que pasamos a ocupar un lugar mas en esa cotidianeidad. Volvemos al fantástico escenario donde se retoman charlas que habían quedado inconclusas o eternas discusiones sobre política o fútbol. En el mejor de los casos nos encontramos delante de las brasas donde se cocina un asado que hace rato no veíamos y, solamente, nos reímos sin decir nada.

Así es volver. Me gusta, lo disfruto.

Creo que el motivo del nomadismo que habita en mis entrañas es conocer nuevos lugares para tener segundas casas adonde volver. Esas casas a las que siempre pertenecemos. Ciudades de las que, de alguna manera, formamos parte.

Esa probablemente sea la razón por la cual no me tomo vacaciones. No digo me voy 15 días a quien-sabe-que-lugar para descansar. Prefiero buscar lugares en donde pueda hacer algo y quedarme tiempo, vivir. A lo mejor hacer amigos, como siempre, pocos pero buenos.

¿Y cuando no quiero buscar lugares nuevos? Vuelvo. Elijo (o el lugar me elije a mi) alguno de esos sitios están ahí. Inamovibles. Cambian, pero solo lo justo como para que podamos sentir algo de frescura o melancolía.

Esos lugares elijo, y elijo esa gente, mi gente, que siempre me espera y me ven…volver.

Mariano Re